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Reflexiones electorales: El voto como medio de representación

Por: Luis Alirio Castro Peña

Aprendí a votar motivado por las ideas y por el pleno convencimiento de que mi voto tiene un valor significativo, al elegir a quien merece ser votado.

No soy de derecha, no soy de izquierda. Soy un colombiano que heredó de sus abuelos y padres, el sabio consejo de acudir al centro de votación designado, con fundamento interior de que se debe elegir con responsabilidad, como si se tratase de un autoexamen de conciencia antes de cumplir con el debido derecho y deber ciudadano.
Soy ciudadano de pensamiento, palabra, obra y también de omisión, porque en algún momento democrático de mi vida siento que me he equivocado sin haber decidido a conciencia, motivado más por una guerra de predicciones muchas veces anónimas y automatizadas que hicieron de mi voto sólo un número y no un medio de representación, sin haber reflexionado, al menos un poco.

Colombia, mi país, sus habitantes y quienes ya se han ido en busca de mejores oportunidades creyendo encontrarlas en países ajenos, decidiremos el próximo 29 de mayo sobre quién debe ser el nuevo mandatario de la nación, la persona idónea y mejor preparada para asumir el rol de Presidente de la República, – de eso se trata – quien deberá mejorar las condiciones económicas, sociales, laborales y por demás la insatisfacción general en la inmensa mayoría de colombianos que saben que las cosas no han marchado por el buen camino.

En este sentido me atrevería a decir que en las próximas elecciones presidenciales podrían superarse las cifras de votantes totales en el territorio nacional junto con los reportes de los consulados colombianos, un poco más de los 18 millones de personas que votaron en 2018 en segunda vuelta, esto con auspicio ligero de que la gente tiene la esperanza puesta en que el país necesita mejorar, que es mejor tomar partido que dejarlo todo a la suerte para que cualquiera pueda convertirse en el próximo presidente de la nación; eso creo.

A mi juicio personal, sigo creyendo en las instituciones, sin embargo, me queda un sinsabor, poniendo en tela de juicio a las personas que están al frente de dichas instituciones, no con esto dudando de la democracia; al contrario, convencido que se debe tomar total partido para salir a votar en masa, con responsabilidad, con positivismo y esperanzados en que los votos no son a conveniencia, que son infundados en las propuestas y programas de gobierno presentados a la ciudadanía.

Es así como he aprendido a votar motivado por las ideas y por el pleno convencimiento de que mi voto debe tener un valor significativo, al elegir a quien merece ser votado. No hay que dejarle la tarea a los medios responsables de informar, que son los directos implicados en la manipulación, en el convencimiento, en la duda generada a la hora de elegir.

Me preocupa el afán de candidatos que se presentan como salvadores que no reconocen sus propios errores y se respaldan también en las equivocaciones y omisiones de otros contendores políticos para sostener su imagen y favorabilidad en las encuestas, pero me preocupa también las continuas agresiones verbales entre quienes aspiran llegar a la Casa de Nariño. Estas son una falta de respeto no solo cuando desprestigian al oponente político, también lo son con nosotros los ciudadanos quienes merecemos honra de parte de quienes nos quieren gobernar.

El voto; pilar fundamental de la democracia, es la forma por la cual los ciudadanos podemos participar en la vida política eligiendo a conveniencia. Por eso mi invitación libre, es a revisar qué sería lo que mejor le conviene al país, que no nos dejemos llevar por el espectáculo mediático de las continuas e irresponsables agresiones verbales entre candidatos sedientos de poder.

No le creamos a los políticos hambrientos de poder, no le creamos a la marrullería que como jauría de lobos se destrozan a dentelladas con sus desaciertos del pasado. Es necesario que votemos conscientes en que los próximos cuatro años no deberán ser de lamentos y arrepentimientos.

Recordemos que, en los gobiernos de derecha con mala administración, las izquierdas crecen, critican, emprenden marchas, hacen huelgas y bloquean con la premisa de querer mostrar sus desacuerdos. Después llegan los gobiernos de izquierda, donde la derecha es anulada. Estos duran hasta que se les acaba la poca riqueza que dejó la derecha.

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