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La tercera asesoría – Parte I

Por: Pedro Wilmar Moreno Valencia, Abogado, Especialista en Derecho Laboral y de la Seguridad Social
U. Libre de Pereira – U. Rosario

 

Cada día son más las personas interesadas en su situación pensional actual y en tener claridad sobre su futuro en este aspecto, aun cuando en principio, habían subestimado la urgencia del asunto, bien porque consideran ser muy jóvenes o porque inconscientemente, restringieron la cobertura pensional a la vejez, ignorando las demás contingencias que ampara el sistema pensional en Colombia, verbigracia, la invalidez y la muerte.

Con la expedición de la ley 100 de 1993 y sus modificaciones sobrevinientes, en especial la ley 797 de 2003, se creó y modificó sustancialmente el Sistema General de Pensiones, al tiempo que se establecieron dos regímenes denominados Régimen de Prima Media con Prestación Definida (RPM) y Régimen de Ahorro Individual con Solidaridad (RAIS), los cuales, aunque coexistentes, son excluyentes. Eso quiere decir, en términos relativamente simples, que aunque en nuestro país existan dos políticas que ofrecen la cobertura para atender las contingencias derivadas de la vejez, la invalidez de origen común y la muerte, también se establecieron restricciones a la movilidad entre ellas, básicamente para que un afiliado no pueda estar simultáneamente en los dos regímenes, ni trasladarse entre ellos sino con el lleno de ciertos requisitos de permanencia en el modelo inicialmente seleccionado y siempre que su edad no supere el límite establecido en la ley.

Vale destacar que los nombres que tomaron los regímenes pensionales en Colombia tienen su origen en las características que los diferencian y que a su vez influyen directamente en las reglas que aplican al momento de definir los derechos de sus afiliados, aspecto importante al momento elegir en cuál de los dos se quiere consolidar la expectativa pensional.

En un mundo ideal, se pretendió que los regímenes de prima media y de ahorro individual coexistieran sin generar traumatismos a los usuarios y menos, el efecto contrario a su razón de ser; el cual sería frustrar la aspiración pensional o, como no en pocos casos sucede, reducir la prestación a un salario mínimo legal, a pesar de haber cotizado para una mesada superior.

Sin embargo, lo que ha ocurrido desde hace varios años es que los estrados judiciales del país están atestados de demandas motivadas por dudas en las condiciones en que se generaron los traslados al RAIS, según dicen algunos afectados, porque fueron engañados al momento de tomar una decisión y en consecuencia, como en estampida, estos han pretendido retornar al régimen de prima media administrado por Colpensiones, sin más argumento que la idea casi generalizada, pero en ocasiones equivocada, de que esta entidad es mejor.

Lo cierto es que, con el desarrollo normativo alrededor de este asunto y los múltiples pronunciamientos de la Corte Suprema de Justicia, parecería, de una parte, que la competencia entre los dos regímenes pensionales se acentúa cada vez más y de otra, que se están gestando riesgos que en la actualidad no son fácilmente previsibles para el común de las personas, pero que sellarían su destino pensional de manera casi irreversible.

La controversia no para, y no se va a detener mientras, como lo señalaremos más adelante, se hable de una doble asesoría a los afiliados, pero que se ofrece por las entidades que no limitan sus esfuerzos a la propaganda, sino que, incluso sin proponérselo, siguen actuando como jueces y partes en el asunto, por lo que, en mi criterio, es necesaria la tercera asesoría.

En nuestra próxima columna finalizaremos este tema con algunas anotaciones sobre la importancia de unos actores del sistema que han sido tácitamente relegados por los interesados, el análisis de una de las principales causas que ha motivado el retorno de los afiliados al Régimen de Prima Media y el papel de los afiliados en medio de lo que claramente es una disputa comercial por ganar adeptos.

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