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El Voto, un minuto de libertad

Por: Pedro Wilmar Moreno Valencia
Abogado Especialista en Derecho Laboral y de la Seguridad Social
U. Libre de Pereira – U. Rosario

El voto, según nuestra Constitución Política, es secreto. Tal vez es así porque el legislador le reconoce a cada colombiano el derecho a tener miedo, pues sabe que tristemente, en nuestro país la estigmatización, la intolerancia y aún la violencia, se han generado no por lo que las personas hacen, ni por lo que dicen, sino por lo que piensan. La historia de los últimos 74 años, así lo demuestra.

Es temporada de campañas por la presidencia de la república y muchos no saben por quién votar, otros ya le apostaron su voto a la indiferencia (el abstencionismo), pero muchos otros tienen miedo a ser estigmatizados, a que el sistema cambie, se mantenga igual o empeore. De cualquier manera, el voto es lo que tenemos para expresarle a los mercaderes de la política, a los sindicatos, gremios económicos, al comité nacional de paro, a los banqueros, al patrón, al caporal de la vereda o del barrio, etc., que no estamos en sus manos, que no pueden hacer con nosotros lo que quieran, que no somos su “capital político” y que, para llevar este país por donde ellos quieran o les convenga, no pueden hacer adhesiones como si les perteneciéramos.

Hace 4 años se dijo a los ciudadanos que votaran para evitar que Colombia se convirtiera en “otra Venezuela”; pero hace un año nos sentíamos en “otra Venezuela” cuando a mediados de 2021, estábamos haciendo fila para tanquear el carro, veíamos los estantes de las grandes superficies casi vacíos y cajas registradoras abarrotadas de personas a quienes se les limitaba la compra de artículos esenciales. Es más, supimos que un huevo, que en la tienda de Carrasquilla costaba $150, en muy pocos días pasó a costar hasta $1.000 en las tiendas de Colombia: en ese momento, algunos recordaron su voto y desearon que el tiempo se devolviera para tener ese momento a solas en la urna.

Este es un llamado a votar libremente, por el candidato de su preferencia. No se trata de señalar a un aspirante en particular, pero como para citar un ejemplo de cuán influenciables podemos ser las personas, reflexioné en que algunos, al igual que yo, le temen a la expropiación porque al final, ¿quién quiere que le quiten así, sin más ni más, lo que ha conseguido con tanto esfuerzo?. Sin embargo, después de guglear la ley 1152 de 2007, me di cuenta de que en este país todavía quieren dirigir las elecciones con sonsonetes trillados que apuntan a favorecer o destruir a uno u otro candidato y decidí que en la libertad que me da la intimidad del pensamiento, debo analizar a cada aspirante a la presidencia y sus propuestas, para tomar la mejor decisión.

Después de lo ocurrido con el “estallido social” de 2021, no podemos despilfarrar la libertad que todavía tenemos, votando por la indiferencia, absteniéndonos de escoger un candidato. Ahora es cuando, otra vez, tenemos en nuestras manos esa herramienta que nos permiten utilizar en un cubículo, en el que, a solas, en un minuto de libertad, tan cerca, pero a la vez tan lejos de los manipuladores, de los violentos e intolerantes, podemos votar por quien queramos.

Lo único realmente importante, es que no le demos el voto a la indiferencia, que no nos abstengamos y que, en la urna, en ese minuto de libertad, votemos por el candidato que estemos seguros, no nos generará en uno o dos años, un sentimiento de culpa al ver cómo está nuestra amada Colombia.

 

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