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Lo que sigue, es sentido de pertenencia por Colombia

Por: Pedro Wilmar Moreno Valencia
Abogado Especialista en Derecho Laboral y de la Seguridad Social
U. Libre de Pereira – U. Rosario

Pasaron las elecciones presidenciales y ganó el candidato Gustavo Petro, en unas elecciones sin precentedes, en las que se evidenciaron dos cosas: que el país estuvo parejo en la división de los votos y que la mayoría de los electores del nuevo gobierno, superando el abstencionismo, están ubicados en zonas del país históricamente golpeadas por el abandono del Estado, la violencia y la falta de oportunidades. Una clara muestra de que, aunque la democracia no es un sistema perfecto, es un mecanismo a través del cual podemos entendernos como sociedad, sin tener que recurrir a las armas.

El nuevo Presidente tiene varios retos y el primero de ellos, según considero, es mantenerse fiel a su programa de gobierno, cumpliendo sus promesas, comoquiera que debe dar señales claras de no defraudar a sus electores, sin ceder a las propuestas que, disfrazadas de unidad y apoyo al primer mandatario, pretenderán mantener las cosas como venían y hacer intocables los intereses políticos acomodados en los programas que ya no encontraron cabida en las pasadas elecciones.

Las elecciones pasaron, pero el apetito burocrático de quienes resultaron derrotados, continúa. No digo que el nuevo Presidente se muestre autoritario o tenga que gobernar mirando en el retrovisor político, pero sí, que deberá tener mucho cuidado en sus esfuerzos por unir al país (lo cual es my bueno), sobre todo cuando intente obtener apoyo parlamentario para sacar adelante las iniciativas de su programa de gobierno.

Ya se han dado señales de tranquilidad, anunciando por ejemplo, los nombres de quienes estarían nominados al Ministerio de Hacienda. También se ha expresado la intención de reabrir la frontera con Venezuela, lo cual ha caído bien la población que reside en esta zona del país, pues la consideran una decisión esperanzadora para la reactivación de la economía de este sector y los relacionamientos de la población froteriza de ambos países.

Desde el domingo 19 de junio, aproximadamente a las 5 de la tarde, cuando se vislumbraba con más claridad quién sería el nuevo Presidente, se vieron caras largas en l@s presentador@s de las noticias de algunos medios de televisión, y posteriormente resonaron en redes sociales algunas voces que se resistían a aceptar la victoria del candidato Gustavo Petro. Por ejemplo, una periodista de la revista Semana advirtió que aunque Petro ganó con la mitad del país, necesitaba a la otra mitad para gobernar; como si ante la derrota en la urnas, abrigaran la esperanza de estorbar el gobierno y torpedear cualquier opción que represente un cambio social para el país. Lamentable ese tipo de comentarios.

Lo que debe seguir es una verdadera unidad de país que escuche a quienes no han sido escuhados, que atienda a quienes no han pertenecido a la agenda social y económica de los gobiernos, sin descuidar a la Colombia que no votó por el presidente electo, pues al final todos somos colombianos y necesitamos que el país entero prospere, no solo una parte de él. En esto no solo importa la posición del nuevo gobernante, sino la sensatez de los diferentes actores políticos, económicos y sociales, para respetar el programa de gobierno que escogió el pueblo, sin tratar de poner “palos en la rueda” motivados por sus ya conocidos apetitos burocráticos e intereses particulares.

La historia reciente del país, desmuestra que la desigualdad social y la inequidad tienen poder explosivo y que cuando estallan, no afectan solo a quienes soportan la desatención del Estado, sino a todos, sin distinción alguna. El nuevo gobierno tiene la responsabilidad de no ignorar la voz de esas poblaciones, motivada por sus sufrimientos históricos.

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